Un niño, inquieto e impertinente, y su anciana tía abuela, devota y gruñona, se ven obligados a pasar un verano juntos, en el antiguo edificio siciliano donde ella creció. Allí, que en vez de wifi hay fantasmas, sus respectivos mundos chocan: celeridad y lentitud, hiperconectividad y espiritualidad.