Estrenos

Presas del mal

La directora británica Rose Glass vuelve a dirigir tras Saint Maud en Amor, mentiras y sangre, una sórdida historia que va del fisicoculturismo a la violencia intrafamiliar.

 

Los trailers de las películas son, en esencia, simples promociones. No siempre anticipan lo que realmente sucederá, y muchas veces ni se toman la molestia de marcar el tono o el aspecto de la película: mayormente son una especie de clips para que se viralicen en redes sociales o para que los creadores de contenido hagan videos buscando secretos que ni siquiera están allí. La campaña de Amor, mentiras y sangre debe haber sido un dolor de cabeza. ¿Cómo sintetizar una historia de fisicoculturismo, romance, mafia, esteroides, violencia, engaños, drogas, muerte, terror, corrupción y género en pequeños videos sin decepcionar a nadie y sin vender algo que no es? Y, ahora pensándolo bien, ¿cómo hizo la directora Rose Glass para agrupar todo esto en su segundo largometraje?

Mientras limpia los inodoros más sucios que jamás hayas visto y les cobra la cuota a los musculosos clientes de un gimnasio de Nuevo México, Lou (Kristen Stewart) conoce a Jackie (Katy M. O’Brian), una fisicoculturista que está preparándose para una competencia en Las Vegas. Pero el entorno de Lou –que incluye un padre mafioso, una hermana presa de las agresiones físicas y psicológicas de su marido y una desaparición que sigue repercutiendo en su día a día– interfiere para que la historia de amor entre estas mujeres no sea para nada sencilla. Ambas terminarán salpicadas por la violencia que reina en la vida de la familia de la joven.

La segunda película siempre es un problema para todo aquel que hizo una gran ópera prima: o demuestra que el/la cineasta es realmente un talento a seguir o, al contrario, confirma que su ópera prima fue una excepción. Rose Glass formará parte del primer grupo. Tras el éxito de Saint Maud, película de terror que fue creciendo en el boca a boca (o tuit a tuit, o reseña a reseña en Letterboxd), la directora tuvo una idea: «Siempre supe que quería hacer algo dulce y violento. Pero rápidamente con mi guionista decidimos que sea una historia de amor. Si tienes algo dulce, músculos, y gente tomando mucha droga y enamorándose, probablemente íbamos a tener algo interesante«. El resultado es una suerte de Thelma y Louise sucia y bañada en esteroides. 

Pero, para que funcione, Glass necesitaba una dupla magnética en pantalla y ese adjetivo es sinónimo de Kristen Stewart. La actriz ha construido una carrera para que no la recuerden solo por sus inicios como Bella de Crepúsculo y, en los últimos años, ha trabajado con gente de la talla de Cronenberg e interpretado a personajes icónicos como Lady Di. Con la elección de sus papeles descubrimos que Stewart busca involucrarse en proyectos riesgosos y que, además, es una cinéfila empedernida. Así llegó a Amor, mentiras y sangre, ya que amó Saint Maud desde la primera vez que la vio y decidió, algo que los actores con cierto prestigio e importancia en la industria pueden hacer, que quería trabajar con Glass. Solo restaba su coprotagonista y apareció la revelación de la película, la actriz, escritora y luchadora Katy M. O’Brian, quien confirma la idea de que para actuar no solo se debe gritar y exagerar, sino que además es necesario emplear cada músculo del cuerpo.

Amor, mentiras y sangre puede parecer a priori melodramática, pero es realmente pulp y lúdica, más cercana a una historieta que a una novela televisiva vespertina. No es casualidad que Rose Glass haya confesado su fanatismo por John Waters y señalado a Female Trouble como una de las principales influencias a la hora de escribir el guion y construir a sus personajes; ese amor por el rey del trash se nota en pantalla. Quizás por eso impresionó a la casa productora A24 (¿en quizás uno de sus últimos proyectos chicos antes de su viraje a películas de mayor escala?), que ha hecho del riesgo y el control total del director una marca registrada durante más de una década. Este tipo de largometrajes (y todas las películas producidas por A24) casi nunca encuentran espacio en la cartelera argentina y es por eso que esta película se convirtió en una amorosa, mentirosa y sangrienta excepción a la regla.

Alejandro Tevez

 

 

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